viernes, 22 de noviembre de 2013

Todas las familias felices se asemejan

"Todas las familias felices se asemejan; cada familia infeliz es infeliz a su modo". -Tolstoi.

Anna Karenina fue escrita en 1887. Narra las historias de Anna Karenina quien descubre el verdadero amor en la infidelidad, en su amante Vronksi. Nuestra protagonista comienza así a luchas contra sus demonios y se re-descubre en el contexto de la alta sociedad en la Rusia de finales del siglo XIX. Mientras tanto tenemos la historia de Kitty y Lyovin, éste último, algunos expertos afirman que se trata del alter ego del mismísimo León Tolstoi.

Lo que llama más mi atención de la novela "Anna Karenina" es una característica que comparte casi toda la literatura del siglo XIX. Novelas que no son históricas pero que retratan de manera fidedigna una realidad pasada. ¿Cómo se logra esto? A partir de la ficción, se recrea un tiempo y espacio inexistente pero cierto.

Es más sencillo jugar con la temporalidad y la espacialidad cuando se tiene personajes a los que de dotan de rasgos que nos hablan de un contexto histórico. Cada uno de ellos es una representación de las costumbres sociales, ideas políticas y costumbres de los más diversos estratos sociales. Todos ellos se conectan poco a poco dándonos como resultado una novela completa, que retrata la época con fidelidad sin rasgos de ser catalogada como "novela histórica" necesariamente.

¿Qué es lo que nos queda por aprender a los historiadores de la literatura del siglo XIX? Recordemos que para entonces literatura e historia eran hermanas siamesas que no hubieran imaginado la cirugía a la que serían sometidas más adelante pasa su separación.
El muñón aún duele.

Habrá que comenzar hoy mismo a re-leer.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Nadie me verá llorar

“Orden y Progreso”, lema porfirista que estuvo implicado en todos los ámbitos de la sociedad mexicana a inicios del siglo XX. Según el discurso ideológico, sería el pueblo quien gozaría de los beneficios de la modernidad. “Pero esa modernidad implicaba también empezar a limpiar las calles de prostitutas y dementes (“populachos, léperos y pelados”), para que esos espacios fuesen ocupados por la sociedad más sana.”[1]

Para esta sociedad se hicieron los encargos de construir instituciones modelos para controlar las enfermedades venéreas, como el Hospital Morelos, o las de la locura, en el Manicomio de La Castañeda, el cual Porfirio Díaz inauguró en 1910, en marco de los festejos del centenario de la Independencia, en una ex-hacienda de Mixcoac. Este manicomio es el espacio que Cristina Rivera Garza recrea en dos obras: “Nadie me verá llorar” y “La Castañeda: Narrativas dolientes desde el Manicomio General, México, 1910-1930”.

Cristina Rivera Garza (1964) es una historiadora y escritora mexicana de cuento, ensayo, poesía y novela, originaria de Matamoros Tamaulipas. Se graduó en la UNAM en Sociología y es doctora en Historia Latinoamericana por la Universidad de Houston. Actualmente es profesora asociada de Historia Mexicana en San Diego State University.

En 1997 publicó su novela “Nadie me verá llorar”, en editorial TusQuets. “Nadie me verá llorar” nos cuenta la historia de Joaquín Buitrago, ex fotógrafo de meretrices y retratista del manicomio “La Castañeda” en 1920, quien cree identificar en la interna Matilda Burgos a una prostituta que años antes conociera en “La Modernidad”, burdel de la Ciudad de México.

Joaquín atraído por conocer la historia y la verdadera identidad de Matilda emprenderá una búsqueda entre los expedientes clínicos del manicomio. Cuando finalmente lo tiene en sus manos se percata de que Matilda tiene orígenes campesinos y de provincia, adoptada por un tío médico que radicaba en México. Matilda cuando conoce a un joven revolucionario, opuesto a la formación y conducta de Matilda perteneciente a una clase privilegiada, cambiará de visión y abandonará la vida de aprendizaje y lujos que tenía.

Esta novela, en palabras de la autora, es “la hermana siamesa de La Castañeda”.[2] Algo así como dos caras de la misma moneda, “Nadie me verá llorar” es un retrato íntimo, la visión desde una interna del Manicomio y su historia personal combinado con la descripción del contexto histórico, la ciudad de México y la paradoja “La Modernidad” un burdel y al mismo tiempo un ideal porfiriano.

El manicomio “La Castañeda, el manicomio más grande de México en el siglo XX, inaugurado en 1910 y demolido en 1968 “era una institución estatal que tenía por obligación recibir a pacientes mexicanos y extranjeros, que llegaban ahí ya fuera por su voluntad o porque eran llevados por sus parientes o por policías que los levantaban por medio de redadas, una de las prácticas usuales del gobierno de Porfirio Díaz.”[3]

Según Cristina Rivera Garza, “la creación del primer centro de sanación mental –o manicomio- en México, despertó una paradoja. Por una parte, se creó una gran leyenda negra de abusos y falta de higiene en torno a La Castañeda, sin embargo, se generó una especie de confianza en la ciudadanía que miles de familias entregaron a este centro a sus familiares, con la esperanza de la curación.”[4]

Con el Manicomio “La Castañeda”, el cual fue hecho con el propósito de desarrollar los adelantos más significativos en el terreno de la psiquiatría y de la clasificación criminal de entonces. Según la autora, “Al contar con cada paciente su historia están presentando sus vidas como pruebas del fracaso de la modernidad. No lo que hagan de una manera principista o ideológica pero son historias que demuestran, en carne viva, las grandes limitaciones del proyecto modernizador del Porfiriato y de la etapa revolucionaria temprana”.[5]

Con lo anterior podríamos suponer la tesis principal de la autora su visión y la crítica a esta etapa histórica que comprueba a partir de su investigación doctoral y, posteriormente da nuevos giros y perspectivas al lector en sus novelas “Nadie me verá llorar” y “La Castañeda...”.
Ambas novelas están basadas en los expedientes clínicos, documentos oficiales, diarios y cartas de asilados del Manicomio General, más conocido como La Castañeda, que se encuentra en el Archivo Histórico de la Secretaría de Salud y Asistencia en la Ciudad de México. La autora aclara que “la historia de Modesta Burgos, cuyo nombre y fotografía son reales, es una reconstrucción libre de la imaginación.”[6]

Los datos históricos sobre el mundo de las calles, el manicomio y otras instituciones del control social en el México porfiriano y en los albores de la Revolución Mexicana están basados en su tesis doctoral: The Masters of the streets. Bodies, Power and Modernity in México, 1876-1930 (Ph. D. dissertation, Universitty of Houston, 1995).

Por otra parte, Cristina Rivera Garza nos hace un llamado a todos los historiadores sin quererlo. La obra literaria de Cristina es amplia y, en realidad, no tiene que recurrir a la historia para nutrir sus novelas. Pero, hizo una excepción, el discurso académico no la satisfizo del todo. Así pues, la historiadora buscó "las dos caras de la misma moneda" explorar distintos discursos que le permitieron no estar en deuda con su investigación y jugar con el mismo escenario dos veces.




[1] Jorge Ruffinelli, “Ni a tonas ni a locas: Notas sobre Cristina Rivera Garza y su nuevo modo de narrar”, en Cien Años de Lealtad, Standford University. Consultado en: http://www.stanford.edu/dept/span-port/cgi-bin/files/Ni%20a%20tontas%20ni%20a%20locas%20por%20Jorge%20Ruffinelli.pdf.
[2] Pablo Duarte, “La Castañeda / Narrativas dolientes desde el Manicomio General / México, 1910-1930, de Cristina Rivera Garza,” en Letras Libres, No. 143, Edición México, noviembre, 2010. Consultado en: http://www.letraslibres.com/revista/libros/la-castaneda-narrativas-dolientes-desde-el-manicomio-general-mexico-1910-1930-de-cris.
[3] Puebla, Redacción, “Presenta Cristina Rivera Garza La Castañeda: narrativas dolientes”, artículo en Milenio, 03/09/2010. Consultado en: http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/8825966.
[4] Gustavo Mendoza Lemus, “La Castañeda, destino de los más pobres”, en Milenio, sección Cultura, septiembre de 2010. Consultado en: http://www.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/a171a1241e5a048787f20d8c8e81e947.
[5] Ibidem.
[6] Cristina Rivera Garza, Nadie me verá llorar, México, TusQuets Editores, 1999, p. 207.

martes, 19 de noviembre de 2013

Temporalidad I

¿Qué es el tiempo? Una pregunta que es tan vieja como el sujeto mismo del que hablamos.
San Agustín de Hipona se lo preguntó también:
 "¿Qué es, en efecto el tiempo? ¿Quién sería capaz de explicarlo sencilla y brevemente? ¿Quién podría, para formularlo con palabras, aprehenderlo siquiera con el pensamiento? Y, no obstante, ¿Qué evocamos al hablar, que nos resulte más familiar y conocido que el tiempo? Y entendemos, por cierto, cuando de él hablamos y entendemos también cuando oímos hablar a otro de él."

La temporalidad para el historiador es fundamental, en dos grandes aspectos. Por un lado, las periodizaciones y cronologías, por un lado, y, por el otro, la construcción de un pasado en la narración. Ambas complejas e inseparables. ¿Cómo se construye el tiempo en la narración histórica? El tiempo se manifiesta en la naturaleza, lo percibimos, pero las diversas formas de medirlo y re-construirlo, son creaciones del hombre. 
Nos interesa pensar el tiempo como un punto de reflexión en cuanto a la memoria social y cómo una construcción en el discurso historiográfico. La memoria social y los discursos historiográficos oscilan entre un pasado que ha sido llevado a conocimiento y un futuro de proyecciones o expectativas que se formulan en el presente. Las distintas maneras como se vinculan el pasado y el futuro en el presente tiene como resultado una percepción y práctica de la temporalidad. 
Según Paul Ricoeur, el tiempo histórico oscila entre la narratividad y la temporalidad en una relación dialéctica. Sus reflexiones parten de la fenomenología de la hermenéutica, la primera parte permite reflexione al "tiempo" como un problema aporético, aunque no por ello ocioso, luego de diversos planteamientos le permitió aproximarse a la parte hermenéutica del tiempo que para él se forma en el discurso (mímesis).
La temporalidad se construye entonces en la narratividad. Sin embargo, la narratividad tiene límites, la reconstrucción del tiempo se hace a partir de la poética de la narratividad. Es por ello que Paul Ricoeur encontró un entretejido del discurso histórico y el discurso de ficción.
La huella, “término que Ricoeur considera fundamental”.[1] Dinámica y estática a la vez; porque puede recorrer la distancia temporal y al mismo tiempo existe en el presente, mantiene una relación entre significante y significado y opera en distintos tiempos el fundamental (fenomenológico) y ordinario (hermenéutico).
Por otra parte, la memoria se encuentra en las generaciones. Ricoeur expone criterios de Kant, Dilthey, Mannheim y Schutz, analizando qué es lo que nos hace pertenecientes a una generación. ¿Las costumbres, los rasgos, las ideologías, la tradición? Independientemente de los criterios para pertenecer a una generación u otra, la memoria es el pilar para ello.[2]
La visión del tiempo en Ricoeur se puede resumir de la siguiente manera: Pasado; una tradición (Gadamer), Presente; irrupción (Nietzsche) y Futuro; expectación (Koselleck).[3] Éste último autor, interpreta el tiempo histórico a partir de la relación entre historia conceptual e historia social, ambas aunadas al espacio de experiencia y al horizonte de expectativa.El quehacer del historiador, desde el punto de vista de Ricoeur, no es nada sencillo, pues además de la dificultad epistemológica y metodológica de la construcción del discurso histórico, conlleva las influencias y consecuencias ético políticas, además de una deuda inagotable del historiador hacia los discursos marginados y a los muertos en general.




[1] Vergara, Luis, Paul Ricoeur para historiadores, Colección: el giro historiográfico, México, UIA, Plaza y Valdés Editores, 2006, p. 68.
[2] Para profundizar el concepto de memoria en Ricoeur, es necesario recurrir a su obra “La memoria, la historia, el olvido.” Para el presente trabajo utilicé las siguientes referencias:
Florescano, Enrique, Memoria e historia, http://www.jcortazar.udg.mx/sites/default/files/Memoria%20e%20historia.pdf p. 2.
Ricoeur, Paul, La lectura del tiempo pasado: Memoria y olvido, http://200.95.144.138.static.cableonline.com.mx/famtz/smr/index_archivos/cursos/Paul_Ricoeur_La_Lectura_del_Tiempo_Pasado_Memoria_y_Olvido.pdf pp. 2-4.
[3] Vergara, Luis, “Historia, tiempo y relato en Paul Ricoeur”,“Historia, tiempo y relato en Paul Ricoeur”, Historia y Grafía, UIA, núm. 4, 1995, p. 16.

lunes, 24 de junio de 2013




Part of my room  ...

domingo, 23 de junio de 2013

Eko y Pancho Villa

Eko
"Hay batallas que cambian el destino. Y sus nombres se guardan en el archivo de la eternidad. Stalingrado representará para siempre la estoica resistencia de los rusos ante el avance nazi. Y las Termópilas son desde hace siglos la quintaesencia del heroísmo de Esparta. Probablemente Zacatecas no sea comparable, pero sí marcó un punto de inflexión en la revolución de Pancho Villa contra el entonces presidente mexicano Victoriano Huerta. "Zacatecas, de todas las batallas, era la que habría de llevarse la gloria", relata el narrador de 'Pancho Villa toma Zacatecas', un crudo relato viñeta tras viñeta, de aquel asedio que daría otro rumbo a la historia de México. "Les rompimos el espinazo", agrega el protagonista del tebeo, dibujado por Eko, escrito por Paco Ignacio Taibo, y que se acaba de publicar (SextoPiso)"


Héctor de la Garza, mejor conocido como Eko, no es un caricaturista común. Ha trabajado en periódicos, pero lo suyo no es editorialización del momento: su trabajo tiene otros alcances filosóficos.

Considero que el trabajo de Eko, en colaboración con Paco Ignacio Taibo II, es un ejemplo de la nueva historiografía. Hablar de la historia, no sólo como las obras escritas, sino dar lugar aquellos "discursos mudos" o la historiografía crítica: el cine, la radio, los mapas, la arquitectura, discursos que debemos analizar y reflexionar. 

Pancho Villa toma Zacatecas -Paco Ignacio Taibo II y Eko.


"Hay batallas que cambian el destino. Y sus nombres se guardan en el archivo de la eternidad. Stalingrado representará para siempre la estoica resistencia de los rusos ante el avance nazi. Y las Termópilas son desde hace siglos la quintaesencia del heroísmo de Esparta. Probablemente Zacatecas no sea comparable, pero sí marcó un punto de inflexión en la revolución de Pancho Villa contra el entonces presidente mexicano Victoriano Huerta. "Zacatecas, de todas las batallas, era la que habría de llevarse la gloria", relata el narrador de 'Pancho Villa toma Zacatecas', un crudo relato viñeta tras viñeta, de aquel asedio que daría otro rumbo a la historia de México. "Les rompimos el espinazo", agrega el protagonista del tebeo, dibujado por Eko, escrito por Paco Ignacio Taibo, y que se acaba de publicar (SextoPiso)"

[Blog Eko]

"¡Hagamos nuestra la historia!" dijo Paco Ignacio Taibo II, en la presentación de la novela gráfica "Pancho Villa toma Zacatecas." 

Con su característico sentido del humor e ironía, Paco Ignacio Taibo II resaltó las tareas que tenemos pendientes los historiadores de la "Academia". Sobra decir que estuvo el Foyer del Teatro Calderón en la ciudad de Zacatecas el 22 de junio de 2013, estuvo lleno. ¿Qué les pareció? ¿Qué fue lo que más les gustó?

George Brassens

Antes de saber hablar francés, sabía de memoria las canciones de George Brassens.
-Gabriel García Márquez.


George Brassens fue un cantautor francés, uno de los principales exponentes de la llamada "Chanson Francesa" y de la trova anarquista del siglo XX.
De quien Gabriel García Márquez escribió:

"Hace algunos años, en el curso de una discusión literaria, alguien preguntó cuál era el mejor poeta actual de Francia y yo contesté sin vacilación: Georges Brassens No todos los que estaban allí habían oído antes ese nombre —unos por demasiado viejos y otros por demasiado jóvenes—, y algunos que lo menospreciaban porque era autor de discos y no de libros dieron por hecho que yo lo decía por desconcertar Sólo mis compañeros de generación, los que gozaron y padecieron a París en los años ingratos de la guerra de Argelia, sabían no sólo que yo hablaba en serio, sino que además tenía razón"
[Revista Proceso Noviembre de 1981]
Les comparto ahora un fragmento de Ballade à la Lune" de Alfred Musset, uno de los mejores poetas del siglo XIX francés, adaptada a canción por Brassens.

C' était, dans la nuit brune,        Sentado en la noche brumosa,
Sur un clocher jauni,                 Cerca del campanario
La lune                                     La luna
Comme un point su un I.           Como un punto sobre la i.

Lune, quel esprit sombre           Luna, qué espíritu sombrío
Proméne au bout d'un fil,           [Te] Pasea al filo de un hilo
Dans l'ombre                            A la sombre
Ta face et ton profil?                 De frente y de perfil?

Es-tu l'oeil du ciel borgne?        Eres tú el ojo del cielo tuerto
Quel chérubin cafard                Qué querubín hipócrita
Nour lorgne                              Nos observa
Sous ton masque blafard?         Bajo su pálida máscara?

Est-ce un ver qui te ronge         Es un gusano el que te roe
Quand ton disque noirci           Cuando el disco ennegrecido
S'allonge                                  Se extiende
En croissant rétréci?                 En cuarto creciente?